sábado, 4 de septiembre de 2010

De Munich a Chivilcoy con escala en Bariloche

Qué probabilidades hay de que un estudiante secundario de Alemania, haga un intercambio de un año, en otro país? Pocas? Qué probabilidades hay de que ese país sea Argentina? Menos? Y si de todas las ciudades Argentinas disponibles, elige Chivilcoy, las chances son muy pequeñas, no?

Bueno, todo eso ocurrió en el Año 2009.

Lucas quería hacer una experiencia de intercambio estudiantil de un año fuera de su país. En un lugar que hablaran castellano. Eligió Argentina, el único lugar dónde el español que había aprendido en el colegio, no le servía para mucho. Las palabras se acentúan distinto y se pronuncian distinto: Es "casháte" y no cállate. Es birra y no cerveza, es faso y no cigarrillo. Banda es un grupo de amigos, y no una orquesta militar. La segunda persona del singular es vos. Nunca tú. Dónde cabrón es una cabra grande y nada más. Y dónde coger es... Bueno, ya saben lo que es coger acá.

Para hacer más interesante esta historia, Lucas no hizo como el común de la gente un intercambio en la gran ciudad. Esos azares de la vida, lo depositó en Chivilcoy. Una ciudad pequeña, dónde prevalece lo rural, a 180 km de Capital Federal.

Debe haber cientos de "Chivilcoys" en la Argentina, pero él cayó en la original. La que según datos del INDEC puede tener 47 o 72 mil habitantes.

Llegó al colegio, y los chicos al ver un personaje raro, que hablaba divertido, se le acercaron. Y qué es lo primero que quieren hacer los chicos cuando llega un personaje foráneo? Enseñarle malas palabras.

Y ahí apareció ella. Mirtha. Yo le puse Mirtha, en realidad, porque después de todos los sinónimos que escuché sobre la palabra vagina, prostituta y pene, en la primera hora que la conocí, me dije: "está para conducir los almuerzos, cuando la señora palme".

Esto no me lo contó nadie, pero yo me imagino, que cuando Mirtha le vomitó a Lucas las cientos de diferentes formas de decir vagina sin repetir y sin soplar, (cajeta, era menos irreproducible) Lucas cayó rendido a sus pies.

Y no era para menos. Además de su vasto vocabulario, esta niña, es una mujercita inteligente, sensible, madura y con un corazón enorme. Y Lucas, con su carita de no entender nada, también tiene lo suyo.

Pronto surgió un noviazgo de secundaria. El alemán, con la bocasucia de Chivilcoy. Pero esta relación iba a tener que sortear un par de obstáculos en el camino. El intercambio de un año quedó acortado a seis meses, ya que la Gripe A, hizo suspender las clases. Lucas se volvió a Alemania y todo se redujo a mails y messenger. Qué chances habia de volverse a ver? Pocas, pero ninguno perdió las esperanzas.

Y esa posibilidad llegó. Lucas fue invitado al viaje de Egresados de los chicos de Chivilcoy. Y gracias a una logística increible y a acomodar las fechas de manera precisa. Lucas finalmente pudo viajar a Bariloche para disfrutar del viaje de fin de curso con sus amigos chivilcoyanos y reencontrarse con Mirtha.

Reencontrarse con Mirtha?

Eso tenía en la cabeza el Alemán. Pero el Alemán, además de Alemán, es hombre. Y si bien tenía muchas ganas de estar con Mirtha, no se imaginó lo que era Bariloche.

Nunca se imaginó que todas las chicas liberadas, iban a ver en él la figurita difícil que todas querían tener. Muchas se imaginaban volviendo a sus hogares y contándole a sus amigas: "a qué no saben? Estuve con un Alemán".

Y el Alemán, al ver todo eso, se olvidó de ese año que estuvo separado de su chica. Y bueno, es hombre...

Pero cuando un hombre toma decisiones por el hombre que tiene entre las piernas, muchas veces se equivoca. Ustedes creen que Lucas estuvo de fiesta las 7 noches del viaje? No. Ustedes creen que Mirtha estuvo llorando las 7 noches del viaje? No. Esto sólo ocurrió la primer noche, porque al segundo día, Lucas cayó con anginas y 40 grados de fiebre, y tuvo que quedarse varios días encerrado en su habitación.

Alguna de las chicas lo acompañó? No, por supuesto que no. La única que se hubiera quedado todo el viaje a su lado si era necesario, lo único que atinó a decir fue: "Pobre Lucas".

miércoles, 2 de junio de 2010

Dejando los papeles de alfajor debajo de la cama.

Salí apurado de mi casa rumbo a una reunión. Estaba justo con el tiempo y no sabía cuánto me iba a demandar el viaje, producto de lo difícil que es estimar la duración de los traslados en esta Buenos Aires colapsada.
A las pocas cuadras advertí que habíame olvidado los documentos en casa. Normalmente hubiera vuelto a buscarlos, pero producto de mi apuro por llegar, me arriesgué.
Lo que uno hace normalmente cuando está en falta, es tratar de pasar lo más desapercibido posible. En esta situación, uno trata de no pasar en amarillo (muchos menos en rojo), ni quedarse atascado en el medio de una bocacalle, obviamente utiliza las luces correspondientes, no utiliza el celular, trata de no excederse de las máximas permitidas, y aún así, uno sabe que corre el riesgo de que algún control policial lo pare y lo pesque en off side.
Es más, hasta un chico de 6 años tiene este tipo de inteligencia.
Cuando a los nenes sus padres los mandan a dormir y ellos aún no tienen sueño, les aseguro que dejan la menor cantidad de luz prendida, hacen el menor ruido que pueden, y se quedan leyendo, viendo tele o en la compu, sin "levantar la perdiz".
Recuerdo de pequeño, que mis abuelos me ponían límites a la hora de comer golosinas en su casa. Cuando quería exceder ese límite, esperaba que se fueran a dormir, y sin encender la luz y haciendo la menor cantidad de ruido, me levantaba, buscaba en lo alto del placard dónde "escondían" la caja de 24 alfajores Terrabusi, agarraba un par y me iba a la camita a degustarlos.
El único tema es que cometía una desprolijidad adrede.
Visto a la distancia siento como que no me alcanzaba con comerme más alfajores de los permitidos. La fechoría no estaba completa si no dejaba una señal para que se sepa que yo había logrado transgredir la regla. Obviamente, mis abuelos no contaban los alfajores que habían ni los que quedaban antes de irse a dormir, no había auditorías, por lo que la única forma de que se enteraran no en el acto, pero al poco tiempo, era esconder los papeles de los alfajores debajo de la cama.
A la siguiente vez que veía a mis abuelos, me retaban, se reían, me preguntaban si estuvieron ricos, me amenazaban con que no me iban a comprar más, y en ese momento sentía que la misión estaba cumplida. Me había comido los alfajores y se habían enterado de mi picardía.
Este flashback que tuve, no me apareció de casualidad. Tampoco es una novedad que soy adicto a los alfajores, así que todavía deben estar un poco perdidos respecto de a dónde quiero llegar.
Volvamos al auto. Yo manejando sin documentos tratando de hacer buena letra para no tener que dar explicaciones a ningún policía y de repente en la radio, aparece la noticia del ex Secretario de Transporte de la Nación, Sr. Ricardo Jaime, que entre otras cosas, vivía en un departamento alquilado, cuyo alquiler pagaba la empresa a la que él le había otorgado una extensión en la concesión de la Terminal de Ómnibus de Retiro hasta el año 2015.
Un trabajo sucio, pero limpio, hubiera sido que esos 3 mil o 4 mil pesos por mes que pudo haber costado ese alquiler, se lo hubiesen dado en un sobre a Jaime, y que él hubiera mandado un motoquero, a su secretario, o por transferencia bancaria para pagarlo "de su propio bolsillo".
Sin embargo, y como un chico de 8 años haciendo una travesura, prefirió dejar los papeles de los alfajores debajo de la cama, sabiendo que a las abuelas, les gusta barrer.