Muy a menudo, nos tocan vivir situaciones bastante desagradables, que para otras personas, son cotidianas. Problemas de infreatructura o servicios, que normalmente no sufrimos, por estar en una situación un poco más acomodada que la mayoría de la gente. La situación de vivir sin cloacas o gas natural, a lo mejor la vivimos una vez, cuando fuimos a la casa de la tía pobre o alquilamos una quinta y nos quedamos sin garrafa en medio de la noche. Alguna vez, mandamos a arreglar el auto, y descubrimos lo mal que se viaja en el transporte público. Tuvimos un accidente, y caimos, llevados por el SAME a un hospital público, lejos del resguardo de la prepaga. El mal olor producto de las aguas contaminadas de ríos y arroyos, sólo las cruzamos yendo en auto cuando vamos a pasear, y no convivimos con ellas al abrir las ventanas de nuestros hogares.
Por supuesto, y sé que al generalizar me podré equivocar, que todas estas situaciones que nos parecen injustas, dolorosas, y en muchos casos hasta aberrantes, no son objeto de nuestra agenda de protesta o reclamo, como aquellas situaciones que nos tocan de cerca, y en muchos casos, años luz, más triviales.
Podemos perder tiempo, al quejarnos en el Súper, porque hay 4 cajas abiertas y colas de 20 personas, porque el taxi bajó la banderita antes de que nos hayamos terminado de sentar. Porque el producto que compramos normalmente en el supermercado no está en la góndola. Porque el mozo del restaurant está mirando para otro lado cuando le queremos pedir otra coca. Porque la vecina de arriba escucha reggeton hasta las 11 de la noche todos los días. Etcétera, etétera, etcétera.
Ustedes ya se imaginarán a qué viene todo esto, no?
Luego de mi operación, tuve que salir a la calle con mis flamantes muletas y me encontré con un ambiente sumamente hostil.
Escalones, pozos, baldosas rotas. Empedrado donde se traba la muleta, basura, caca de perro, autos mal estacionados, dificultad para subir a los vehículos, baños ubicados en lugares innaccesibles y lo más gracioso, aunque no deja de ser real, la imposibilidad de ingresar a un boliche swingger, porque según el patovica, no estaba en condiciones físicas de tener sexo.
Tengan en cuenta que no soy una persona discapacitada, soy joven, deportista, por lo que aunque siendo nuevo en el arte de usar las muletas, tengo ciertas ventajas respecto a ancianos y otros discapacitados crónicos. Sin embargo, cuesta un montón enfrentarse a todo tipo de obstáculos. Es por eso, que no me voy a quedar en la protesta vacía, en una charla de café y voy a aportar mi granito de arena a que esto se sepa, y en la medida de lo posible se pueda solucionar.
A continuación transcribo la carta que envié a las autoridades gubernamentales correspondientes:
Sra Vicejefa de Gobierno Gabriela Michetti:
Opss....
2 comentarios:
El blog sigue mejorando post a post. Observaciones lúcidas sobre la realidad local, aventuras y desventuras personales, humor y seriedad (cuando corresponde) son algunas de las características de esta suerte de cuaderno de bitácora que genera sonrisas y reflexión en los lectores.
Felicito nuevamente al autor por esta propuesta -que día a día crece en difusión- y lo aliento para seguir trabajando en esta línea.
Saludos
juajua! De verdad no te dejaron entrar al Boliche Swinguer. Eso sí es discriminación. Denúncialos al INADI. Hay de todo en el mundo de las "perversiones" quien te dice que encontrabas una parejita que se excitaba por tu condición de invalidez temporal.
Besote.
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